jueves, 25 de diciembre de 2025

Feliz Nada. "La ingobernable"

 



Ayer fue un día en que el aparatito ese que se  pega a mi mano casi sin llamarlo,  no paró de emitir vibraciones y soniditos ensordecedores.  Claro que siempre está la opción de apagarlo y que deje de tener vida por unas cuantas horas, a ver si el muy desalmado deja de vibrar y ensordecer.  Pero es verdad que desde este estado de ingobernable el aparatito a veces me tiene gobernada y necesito sobre todo tocarlo para  que pase de poner un Nocturno de  Chopin a un "Show me everything" de Tindersticks y de ahí a "Lo bueno y lo malo" de Duquende.  Y ahí me doy cuenta que la música es de las pocas cosas que me gobiernan en esta vida. 

Lo de  ingobernable me lo apropié, una vez más, leyendo a Leila en su columna sobre la Navidad de El País, no os la perdáis...es canela en rama hecha letras. Y ahí está ella, contando su ingobernabilidad, rodeada de su familia.  De todo su relato hay varios puntos  en que el ordenador trazó una línea imaginaria  entre  esos rizos negros y mi pelo mas liso de india que me acompaña casi desde siempre: Rizos  nos cuenta de sus escapadas para salir  a correr por cualquier punto de su pueblo, peligroso  o tranquilo, poco  importa.  Liso, se pega unos paseos en bici casi a diario para  huir también hacia adelante, sin saber si adelante  es peligroso o tranquilo. Rizos, lee y recuerda a Cortázar en muchos de sus escritos. Liso parafrasea al autor de Rayuela en cada estado de plenitud y de tristeza, mientras acaricia  a su gata. Rizos se siente bastante civilizada, aunque reconoce que hace lo que da la gana y se rodea  de personas para las que esto  no es un problema.  Liso hace lo que le da la gana y se rodea de personas para las que esto no es un problema. 

Ahí vamos las ingobernables con pelos en forma de tirabuzón o con pelos larguísimos como los de Pocahontas.  

En lo que a mi respecta me han tratado de todo, o de mucho, me señalaban con el dedo por asesina por no ponerme un trozo de tela en la boca,  insolidaria,  poco empática, me llamaron terrorista por no dejar que atraviesen mi piel sustancias desconocidas para mi cuerpo, me tildaron de  ladrona en un retiro casi espiritual, que más que los espíritus  ahí salieron los demonios, me cuestionaron dejar mi tierra  con mi padre embarrado y mis hermanos hundidos, mientras yo echaba raíces en la lejanía, me criticaron de estar  rompiendo  lazos con un hombre que me sostuvo cuando no me sostenía,  me tacharon de traición cuando tan sólo tomé  lo que se  me puso  en bandeja, como si yo pudiera leer los pensamientos de la gente que no es clara, me enjuiciaron de hippie, de poco  responsable, de  tirar  por  tierra las tradiciones, de rebelde, de poco cariñosa, de ir a mi bola, de ser tan clara (¿se puede  machacar a alguien por ser excesivamente clara? ) me han llamado la conseguidora, en el buen y el mal sentido, han hablado mal de mi a mis espaldas, me han  atribuído palabras que nunca dije, me dijeron que soy mala madre, mala hija, me he tenido que tragar  frasesitas hechas del estilo  " quieres tener razón o quieres  ser feliz" ( puajjjj con este tipo  de mantra new age).  

Y ahí va mi respuesta:  Jamás podría ser  feliz  sabiendo que he  dejado  mis razonamientos, a los cuales  les dedico un tiempo inmenso, tirados a la bartola.   Traicionarme  no me da la felicidad.  Decir que sí  a  todos los que me criticaron y me señalaron no me da la felicidad.  Entonce ahí voy  yo , la ingobernable,  dejando  atrás y a los lados a personas que me quieren gobernar, mientras mis pelos vuelan al viento sobre una bicicleta.  Alguna vez ya lo escribí, mis pelos  también funcionan como antenas,  esas que detectan, que intuyen, que me muestran un poco  los caminos  que debo tomar,  la ingobernable bajando  cuestas a 40 kms por hora y sabiendo que todo puede  acabar en un segundo, pero que felicidad es la fidelidad a mi misma.

En esta exaltación a la ingobernabilidad, en este 25 de diciembre,  lleno de genocidios, de guerras, de  hambre, de  sin techos , de políticas discriminatorias, de misiles, de hipócritas, de  sonrisas falsas, de  cuentitos de  Navidad que nos  distraen, de poquísima empatía, desde este estrado que es mi blog  y que digo lo  que quiero y como  quiero os digo:  Feliz Nada.  De corazón, a todas y a todos:  Feliz Nada.

Hace tiempo dejé las jaula  de lo  políticamente correcto, ahora me  dedico a volar por ahí como me da la gana.


1 comentario:

  1. Leerte es siempre una Epifania, Andrea.
    Un revelación de una verdad que conoces, de un sabor que ya probaste, de una emoción ya vivida, pero lamentablemente olvidada...
    Gracias por tus palabras que regalan al mundo belleza, pureza e integridad

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