Ayer fue un día en que el aparatito ese que se pega a mi mano casi sin llamarlo, no paró de emitir vibraciones y soniditos ensordecedores. Claro que siempre está la opción de apagarlo y que deje de tener vida por unas cuantas horas, a ver si el muy desalmado deja de vibrar y ensordecer. Pero es verdad que desde este estado de ingobernable el aparatito a veces me tiene gobernada y necesito sobre todo tocarlo para que pase de poner un Nocturno de Chopin a un "Show me everything" de Tindersticks y de ahí a "Lo bueno y lo malo" de Duquende. Y ahí me doy cuenta que la música es de las pocas cosas que me gobiernan en esta vida.
Lo de ingobernable me lo apropié, una vez más, leyendo a Leila en su columna sobre la Navidad de El País, no os la perdáis...es canela en rama hecha letras. Y ahí está ella, contando su ingobernabilidad, rodeada de su familia. De todo su relato hay varios puntos en que el ordenador trazó una línea imaginaria entre esos rizos negros y mi pelo mas liso de india que me acompaña casi desde siempre: Rizos nos cuenta de sus escapadas para salir a correr por cualquier punto de su pueblo, peligroso o tranquilo, poco importa. Liso, se pega unos paseos en bici casi a diario para huir también hacia adelante, sin saber si adelante es peligroso o tranquilo. Rizos, lee y recuerda a Cortázar en muchos de sus escritos. Liso parafrasea al autor de Rayuela en cada estado de plenitud y de tristeza, mientras acaricia a su gata. Rizos se siente bastante civilizada, aunque reconoce que hace lo que da la gana y se rodea de personas para las que esto no es un problema. Liso hace lo que le da la gana y se rodea de personas para las que esto no es un problema.
Ahí vamos las ingobernables con pelos en forma de tirabuzón o con pelos larguísimos como los de Pocahontas.
En lo que a mi respecta me han tratado de todo, o de mucho, me señalaban con el dedo por asesina por no ponerme un trozo de tela en la boca, insolidaria, poco empática, me llamaron terrorista por no dejar que atraviesen mi piel sustancias desconocidas para mi cuerpo, me tildaron de ladrona en un retiro casi espiritual, que más que los espíritus ahí salieron los demonios, me cuestionaron dejar mi tierra con mi padre embarrado y mis hermanos hundidos, mientras yo echaba raíces en la lejanía, me criticaron de estar rompiendo lazos con un hombre que me sostuvo cuando no me sostenía, me tacharon de traición cuando tan sólo tomé lo que se me puso en bandeja, como si yo pudiera leer los pensamientos de la gente que no es clara, me enjuiciaron de hippie, de poco responsable, de tirar por tierra las tradiciones, de rebelde, de poco cariñosa, de ir a mi bola, de ser tan clara (¿se puede machacar a alguien por ser excesivamente clara? ) me han llamado la conseguidora, en el buen y el mal sentido, han hablado mal de mi a mis espaldas, me han atribuído palabras que nunca dije, me dijeron que soy mala madre, mala hija, me he tenido que tragar frasesitas hechas del estilo " quieres tener razón o quieres ser feliz" ( puajjjj con este tipo de mantra new age).
Y ahí va mi respuesta: Jamás podría ser feliz sabiendo que he dejado mis razonamientos, a los cuales les dedico un tiempo inmenso, tirados a la bartola. Traicionarme no me da la felicidad. Decir que sí a todos los que me criticaron y me señalaron no me da la felicidad. Entonce ahí voy yo , la ingobernable, dejando atrás y a los lados a personas que me quieren gobernar, mientras mis pelos vuelan al viento sobre una bicicleta. Alguna vez ya lo escribí, mis pelos también funcionan como antenas, esas que detectan, que intuyen, que me muestran un poco los caminos que debo tomar, la ingobernable bajando cuestas a 40 kms por hora y sabiendo que todo puede acabar en un segundo, pero que felicidad es la fidelidad a mi misma.
En esta exaltación a la ingobernabilidad, en este 25 de diciembre, lleno de genocidios, de guerras, de hambre, de sin techos , de políticas discriminatorias, de misiles, de hipócritas, de sonrisas falsas, de cuentitos de Navidad que nos distraen, de poquísima empatía, desde este estrado que es mi blog y que digo lo que quiero y como quiero os digo: Feliz Nada. De corazón, a todas y a todos: Feliz Nada.
Hace tiempo dejé las jaula de lo políticamente correcto, ahora me dedico a volar por ahí como me da la gana.

Leerte es siempre una Epifania, Andrea.
ResponderEliminarUn revelación de una verdad que conoces, de un sabor que ya probaste, de una emoción ya vivida, pero lamentablemente olvidada...
Gracias por tus palabras que regalan al mundo belleza, pureza e integridad