Cuarenta y siete entradas atrás declaraba a la pequeña porción de lectores que tengo de este blog, que me había enamorado de un sacerdote. Así me nace a mi la contradicción, yo que me digo una persona coherente, a veces me doy la espalda a mi misma y me enamoro de seres a los que odiaría con todo el corazón.
Un día cayó en mis manos un libro de Pablo D ' Ors , ese que me abre puertas, y que esta noche, embadurnada del calor de Madrid, se vino a mis pensamientos. "El amigo del desierto". Mi mente tiene esa preciosa habilidad de unir sensaciones, recuerdos, frases, es un algoritmo creado por mí, que ni yo entiendo a veces, pero ahí está, se presenta, y sólo me queda cogerlo con mis manos, acariciarlo y a veces darles luz en forma de escritos.
Entonces, "El amigo del desierto" y "Sirat" me desvelaron. Un lunes raro. Un día raro. Un Tiempo Raro. En otras épocas de mi Vida ir al cine los lunes era completamente normal. Hasta hace un tiempo atrás tenía todas las entradas de todos las películas vistas en los Cine de la Plaza Benavente en días lunes. Madrid me había regalado esa rutina casi desde que llegué y para mi era una cita incancelable. Les pedía a mis amantes del momento que acudieran al cine conmigo ese día, o sino el hechizo se rompía. Con uno de ellos el hechizo duró dieciséis años. Y ayer fue un retornar a esos tiempos. La tarde abrasadora de Madrid. Una tristeza inmensa en los poros. Unos duelos en puntos suspensivos y lo mejor que podía hacer era darme una buena dosis de 4K.
"Sirat", una obra maestra increíblemente triste, desalentadora, no hay esperanza a la que aferrarse porque de un momento a otro "todo puede volar por los aires". Unos pasos infinitos por el desierto, en busca de la nada, en busca de todo. El desierto nos enfrenta a ese vacío en el que todo puede suceder porque nada sucede. Un encuentro con un rejunte de tripas que solo avanzan para alcanzar un objetivo incierto. Y por detrás, y por delante, siempre la música. Pero la música no para ser escuchada, sino para ser bailada, tal como dice una de sus protagonistas.
Salí del cine consternada, con escalofríos en medio de los casi treinta y cinco grados que caían en Madrid. Por momentos levantaba la mirada a la luna que estaba casi llena y ese plateado me quitaba los escalofríos, Me hacía caminar a mi por un desierto, hacia un lugar incierto, casi como es mi Vida desde el inicio de los tiempos. Y mientras conducía una vez más pensaba lo afortunada que soy de que los lunes pueda ir al cine y poder impregnarme de ese arte que nos transforma, nos inquieta, nos pone el dedo en la llaga, nos hace cuestionarnos este modelo en el que vivimos, y nos hace reflexionar sobre lo que de verdad importa.
En esos instantes mi cuerpo necesitaba llorar y bailar. Encontrar un altavoz que emitiera algún sonido que me relajara. Lo encontré. Apoyé la cabeza encima de un corazón, y fue tal su sonido, que baile, entre sueños bailé.

No hay comentarios:
Publicar un comentario