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jueves, 5 de agosto de 2021

La danza del miedo y la mediocridad


 Mientras me lavaba los dientes, antes de sumergirme en los sueños de esta noche de verano, se cruzaron dos palabras en mi mente que a priori no tienen mucha relación...pero mi cabeza que es así de arbitraria comenzó a relacionarlas... Miedo y mediocridad. Ya sabéis, o no, pero sí que lo soy..., una apasionada de las palabras, de los juegos de palabras, de la gente que escribe bien y de aquellos que hablan bien, y entre todos estos gustos también se me da ese en el que investigo las etimologias de las palabras.  Miedo proviene del latin y hace referencia a "metus" que quiere decir temor.  Por su parte mediocre también proviene del latin "mediocris" que significa medio o común, o también montaña o peñasco escarpado, lo que indica alguien que se queda a mitad del camino.  Y comienzo a navegar por una palabra y por la otra y trato de entender por qué se presentaron así al unísono...como si danzaran ellas unidas... también sabéis que gran parte de mis comparaciones se relacionan con el baile, ese espacio en que casi uno ES, sin más.

Y bailaban el miedo y la mediocridad...Se entendían en sus pasos... ¿Qué habitaba en sus "seres" para que ellas no se pisaran los pies al hacerlo?  El miedo le decía al oído que mejor moverse con pasos controlados, sin grandes aspavientos, para que no tuvieran la sensación de que algo que los sacara de la normalidad, por su parte la mediocridad que le gustaba tanto quedarse a mitad de camino le hacía caso.  Bailaban en un espacio pequeño, no querían hacerse notar porque el miedo tenía pavor a salirse de las baldosas que le marcaban el límite, y la mediocridad se entregaba a esa danza sin colores para que nadie los mirara por ser inapropiados. 

El miedo y la mediocridad se unieron y no hicieron nada que los hiciera felices, no "eran", solo "permanecían", con una paleta de grises que los llevaba por todos los sitios silbando bajito y no saliéndose de las baldosas, ni metiéndose en madrigueras de conejos.

Cuando terminé de lavarme los dientes abrí el cajón de la mesilla de noche y me tomé una pildora roja.  Yo elijo bailar al borde del abismo, y si me da el punto hasta salto... ¿Sabéis que? Siempre encontré una red...  Todo está en nuestra preciosa y bella cabecita.  Los dientes me quedaron más blancos que nunca.