domingo, 7 de junio de 2026

Se apagó el Sol






... en las calles empedradadas, tal vez llenas de barro, con charcos de agua maloliente, en barrios que suenan cumbias por la mañana y donde las rondas de mates empiezan a ser otro de los rituales que unen a este pueblo cansado, pero no por eso menos apasionado.

Corría el año 1994 y yo comenzaba mi carrera de Comunicación Social en la UBA. La universidad llena de banderas, pancartas, carteles, mostradores de pibes que te hablaban de Trotsky y la revolución cubana, y de fondo una misa interminable, una plegaria constante, casi como ese sonido que escuchas cada vez que entras en una mezquita, parecido al canto de unas sirenas que te transportan a otro mundo, a algo que no se explica con palabras, de fondo las letras de Carlos Alberto Solari, para toda la Argentina y muy pocos lugares de este planeta: el Indio.  Eran unas misas musicales transmitidas por radio cassettes, esos en los que tenías que apretar botones con fuerza para que la cinta vaya hacia adelante , hacia atrás, o le dieras : STOP.

STOP:  se detuvo el corazón del poeta.  

En esos tiempos de aulas magnas llenas de humo se me asignó una misión, hacer un trabajo de campo para presentar en una asignatura que me encantaba, se llamaba algo así como Práctica de la Expresión, y que había que hacer:  ESCRIBIR. 

Por esos años yo no sabía mucho más de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota de lo que puede saber una piba de 18 años que escucha al grupo por la radio, que baila en algunas discotecas, que se besa con chicos que recitan poemas de la misa ricotera, o que hasta seduce con alguna camiseta comprada en un rastro porteño.  Pero, a la hora de encomendárseme la "misión" hubo algo que me llevó hacia la tribu ricotera.  

STOP:  se detuvo  el corazón del poeta

No era tanto él, ni esa banda, ni esos orígenes gestados en márgenes platenses, hablando de política y arte, consumiendo plantas de los más diversos orígenes, sus dibujos, sus pintura, sus poesías,  esas gafitas redondas en esa cabeza calva. No era tanto eso... Que sí, que también era eso... pero era "lo que se movía alrededor de ese fenómeno"  Es decir...yo no quería escribir sobre "El Sol" o "El Cristo" que abre los brazos como en la foto que presenta este post, sino que yo quería escribir sobre "los planetas" que giraban alrededor de él.  

Lo primero  que hice fue seducir a un ricotero,  y allí me metí, un poquito entre ellos, porque era ese fenómeno el que estaba dispuesta a desgranar.  Y al abrir  las cortinas de mi vida de chica que se entera poco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y meterme en el agujero del conejo de la preparación de la misa, me dije a mi misma:  Lo que te estás perdiendo mi querida, ¡sigue bajando!

El Cristo del "inframundo" dando misa a sus feligreses es algo que pocos pueden entender, y menos si en tu pasaporte no hay una bandera azul y blanca, pero intentaré explicarlo de la manera que a mí más me llegó en esos años.

No había edades, no había sexos ni géneros, no había límites particulares del territorio nacional, eran como una gran familia nómade que se movía allá a donde se diera la "misa ricotera".  Se enteraban de sus conciertos casi por el boca a boca, como una gran familia que tiene un grupo de Whatsapp, con la grandísima diferencia que no existía el Whatsapp ( gracias al cielo ).  Podían tocar en cualquier punto de la Argentina, y si se tenían que recorrer varios cientos o miles de kilómetros ya se ponía toda la maquinaria familiar a trabajar para llegar al punto de reunión.  Se conseguía el dinero, como sea, siendo muy jóvenes no contábamos con muy buenos trabajos, pero siempre habría alguien de la gran familia que estaría dispuesto a prestártelo, porque así son las familias, las buenas por supuesto. Y entonces a empezar la andadura, por lo general era un concierto que te llevaría a estar dos o tres días fuera de tu casa: a agarrar bartulos, , la neverita, la comida para hacerte, la tienda de campaña, el saco de dormir, el termo, el mate, y siempre ... el radiocasette que te mantendría haciendo músculo para que un sábado por la noche te encuentre haciendo "el pogo mas grande del mundo".  

Escribí sobre "La Tribu Ricotera",  sobre esa pasión que mueve montañas y en la que no existen límites. 

STOP:  El corazón del poeta se detuvo.

Pasión por un tipo que no se vendió, me atrevo a decir que Nunca.  Pasión por el arte de un poeta, de un Artista, de una persona consecuente y coherente con sus pensamientos. Pasión por la contracultura, por esa cultura que no necesita ni a grandes, ni medianas empresas para ser sostenida, por esa cultura y ese arte realmente independientes,  sin productoras a las que haya que responder ni rendir pleitesías. Pasión por la riqueza de las palabras, pasión por la oratoria, pasión por la pasión. 

El trabajo de aquella asignatura fue muy bien valorado, pero ese 9 o ese 10 o el número que fuera, nunca alcanzarían a ser la inmensidad que yo había conocido metiéndome por el agujero del conejo y descubrir esa tribu.

Hoy esa tribu está de un luto ricotero.  El Sol se ha apagado, pero ellos siguen girando... Y vayan si siguen girando...giran con ritmo de "Ji Ji Ji" y dándose abrazos mientras lloran.  El Sol se ha apagado pero tiene unas cuantas luces de repuesto, muchísimas... Ya verán como brillan.  Por ahora toca apretar el botón negro del radiocasette y seguir bailando.  La tribu ricotera sigue en su misa... una misa eterna.

STOP . El corazón del poeta se detuvo.