Durante años perseguí el sueño de la paz, de la calma, del ohmmmm, del relax, de mirar el cielo y sentir cómo la respiración se aquieta y tan sólo escucho el latir del corazón. Llevo años meditando, bastantes diría yo, pero será que no los suficientes para que estos últimos días, la respiración se acelerara , el corazón bombeara más de lo normal, los pelos se electrizaran, los huesos y músculos se tensaran, los ojos se abrieran y cerraran, cada acción en su máxima expresión, la boca se abriera y saliera un grito atronador del centro de mi pecho. La calma se fue a tomar por culo.
Claro que no podemos vivir la vida así, no habría corazón , ni cabeza, ni cuerpo que resistieran. Seríamos "bombas (espero que esto no lo censuren por la palabrita) en potencia", andando por las calles y no dejando espacio a la reflexión y a la contemplación. Pero! Sí! Pero! También hay un caudal de oportunidades detrás de la rabia.
Si nos retraemos a las épocas en que nuestros antepasados fueron capaces de conseguir que se aprobaran derechos que hoy a ti te hacen disfrutar de vacaciones pagadas (yo todavía no lo conseguí, pero ese es otro tema), de jornadas laborales de 8 hrs, de bajas médicas, de bajas por maternidad, de ayudas de diferente tipo y tantas otras cosas que hacen que tu año a año sea más llevadero, podríamos ver que esas personas que hoy "descansan en paz" gritaron a más no poder, y que el sentimiento que primaba en muchas de ellas era la RABIA.
Ni sentadas en loto, ni aceptación, ni silencio, ni música New Age, ni incienso, ni yoga, ni espiritualidad barata... RABIA, señoras y señores. Y digo espiritualidad barata (sin querer ofender a nadie que practique la espiritualidad) porque la espiritualidad que para mí cotiza es esa que pone al otro , o a la otra, a la misma altura que los propios intereses. Estoy tan harta de escuchar en retiros de desarrollo personal la importancia del autocuidado, de la autoescucha, de la autosanación y auto, auto , auto... como si fueran patrocinados por Ford o Citroen. ¿Y el otro? ¿Y la otra? ¿Donde quedan? ¿Se corta el mensaje cuando toca hablar de la otra? ¿No se debe tener en cuenta cómo sacuden y cómo influyen mis acciones en el bienestar de los otros?
La RABIA fue la que movilizó a lo largo de la historia de la humanidad los grandes cambios. Porque a veces, señoras, toca no aceptar y sobreponerse.
Hoy, en estos días, en estos muchos últimos días, la RABIA es una emoción que me acompaña, y me siento muy orgullosa de tenerla y decirla y gritarla. Y así es cómo uno mi RABIA a la RABIA de miles y millones de personas que al fin estamos diciendo ¡Basta! Ya está bien, ¿no?
Reivindiquemos la rabia colectiva, la individual también, si soñamos un mundo mejor tendremos que derribar muchos conceptos y enseñanzas que nos volvieron durante años seres muy egoístas e individualistas. Si no empezamos nosotras, expresando ese malestar en las calles nadie lo hará. Así que sí, frente a todo el mundo del ohm y la paz, y la tranquilidad digo... Tengo Rabia, y bienvenidas las rabiosas a mi club!
Saldremos a roer, a gritar, a morder, a flamear banderas rojas (color rabia), a parar el tránsito, a dormir en las plazas, a llevar a nuestras hijas a las concentraciones, a cantar, a bailar, a jugar, a reír, a honrar a todas esas abuelas y abuelos que lucharon para que hoy tengamos muchos derechos que cada vez son mas pisoteados. Y cuando algo de esto empiece a tener sus efectos... como está pasando estos días en Madrid... quizás me tome un respiro, me siente en mi cojín y empiece a meditar otra vez. Pero es tiempo de lucha. Y en tiempos de lucha...SE LUCHA.
(Dedicado a mis rabiosas amigas que me quieren así, con el ohm y el grito en la boca)






