Mostrando entradas con la etiqueta escucha emocional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escucha emocional. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de marzo de 2023

"Estar a tope" , caballito de batalla en tiempos de Hacer

 



Seguro que  en los infinitos chats que habitan en ese aparatito que colocas sobre tu mano probablemente más veces al día de lo que abrazas a  tus hij@s  , o a tu pareja, o a tus padres, o a tu gato o al perro... (el muy condenado tiene toda la atención habida y por haber), entre todos esos mensajes individuales y grupales que te abruman día y noche, aparece el famoso emoji del bracito con su músculo portentoso sobresaliendo, y quizás venga acompañado de la  famosa frase "A tope". Y es así, como con la combinación de emoji y frase estamos en el sumum de los tiempos, el "No parar"!  Y acto seguido a ese matrimonio entre emoji y frase aparecen las famosas "palmitas" que dan cuenta de que mucha peña te apoya y te vitorea ante tal demostración de Hacer y Hacer, el caballito de batalla de esta sociedad.

"A tope"... Wow!!  Qué saludable! No parar, tener mil cosas que hacer, haber planificado viajes para todo el año, cenas, comidas, salidas, eventos, cursos, talleres de relajación, terapias alternativas, citas Tinder, y yo aquí pondría unos espacios como en las fichas infantiles y el título "Complete la lista".  A tope!! Wow!! Qué proactividad tan excitante. Parece como si la Vida fuera un parque de atracciones que no tiene fin, ahí tú con tu mano llena de tickets y  no paras de consumir sea lo que sea que te hayan vendido para que esta Matrix se sostenga.   Valen aquí todas las "prácticas saludables del momento", un "must" en épocas de conciencias ligeras que se transmiten en videos de Instagram en ...2 minutos...o 5... o 10 a lo sumo... A tope!! Claro, cómo le voy a dedicar mas tiempo a un video si tengo que ver 50 videos más que me invitan a abrir la percepción de la realidad, conocer mi niña interior, amigarme con ella, luego sacarla a pasear, luego aprender las respiraciones tantricas (a través de un video de ...2 min...o 5 ... o 10),  saber cuál es el tema candente del momento, cantar la canción que ha recibido mas likes en un día, y vaya a saber cuántas tomas de conciencia y conocimiento mas.  A tope!! quedar con este, con el otro, con la que no me llama, con la que si me llama, con las amigas de toda la vida pero que a veces no tienen ni idea que estoy a punto de separarme, con las que no me conocen tanto pero se ríen de mis bromas y eso me fortalece (también me hacen sentir "A tope"). A tope!! Tomarme un avión cada vez que puedo porque es que si paro en el sitio en el cual vivo quizás se me aparece un fantasma y no me deja dormir por las noches, entonces qué mejor que usar aviones a destajo y seguir consumiendo y contaminando  así me distraigo un poco.  De paso le digo al mundo que tengo un pasaporte con 500 sellos de entrada y de salida, lo cual me hará poner no solo un bracito sino cinco bracitos o 10, o 50 y por supuesto con la frase ...Si, esa! "A tope"!

Podría seguir enumerando todas las distracciones elegidas para estar "A tope" , pero eso me haría a mi poner "A tope" con el sarcasmo que a veces aflora por los poros de mi piel... 

Y entonces, la pregunta que me nace: ¿por qué? o ¿para qué necesitamos estar "A tope"?  ¿Acaso el silencio y la paz de la observación y la escucha nos pondrían en frente de algo que no queremos atender? El Silencio es un enorme desafío, el parar, el contemplar, sin otra razón más  válida y más reveladora que estar en el Ahora.  Pero no es fácil, el Ahora es una asignatura muy difícil de aprobar, y en el mayor de los casos no paramos de llevárnosla  pendiente una y otra vez... Gran parte de responsabilidad la tiene el "A tope". Porque el "A tope", son objetivos, son planes, son visiones de lo que puede venir, son proyectos, son futuribles.  Cuando uno permanece en el "Ahora", sin más, lo que hay es calma, ES LO QUE ES. Ni " a tope", ni con penas, ni con apegos, ni con añoranzas, ni con expectativas, ES LO QUE ES. 

"A tope" a mi me cansa, me agota, me distrae, es como un estado de borrachera, no me conecta con el cuerpo, al contrario, es una actitud muy mental, y muy mental hecha a la medida de esta sociedad de consumo. El "A tope" no me hace estar en lo que realmente tengo que estar, el "A tope" me hace consultar un aparatito veinte mil veces al día para ver si tengo visibilidad, si contesté, si me escribieron, si estoy al tanto de todo, si ya planifiqué mis vacaciones, si reservé todos los viajes que tengo que reservar, si haré talleres este verano, o me formaré en la nueva técnica reveladora de ...ufff... me agoté.  Tiro la toalla de el "A tope". 

Sólo parafrasearé una vez más a Pablo D' Ors (que no para de abrirme puertas):  "Supe que los peces de colores que hay en el fondo de ese océano que es la conciencia, esa flora y fauna interiores a las que me he referido, sólo pueden distinguirse cuando el mar está en calma, y no durante el oleaje y la tempestad de las experiencias.  Y supe también que cuando el mar está en una calma aun mayor, ya no se distinguen ni los peces, sino sólo el agua sin más. Pero a los seres humanos no suele bastarnos con los peces, y mucho menos simplemente con el agua, preferimos las olas: nos dan la impresión de vida, cuando lo cierto es que no son vida, sino sólo vivacidad... La verdadera Vida está detrás de lo que nosotros llamamos Vida".

miércoles, 22 de abril de 2015

El teatro, el comienzo de una sanación.


                                



Estreno blog, y como si de una obra de teatro se tratara elijo la ropa apropiada para el evento, un calzado que me guste, el peinado que me sienta bien, la cara limpia de la mañana, la música con la que hacer la entrada estelar al escenario de las palabras; cierro los ojos, respiro, bajo los hombros, relajo y entro... Los dedos comienzan a moverse por inercia y el cuerpo se manifiesta a través del teclado, la mente pasea por las ideas, las emociones confluyen en el texto, la maquinaria se ha puesto en funcionamiento, el movimiento me ha llevado a la acción y aquí me veo, en un espacio en blanco que se va tiñendo de formas y garabatos que quieren expresar desde dentro de mí.  

Nuestra relación, la del teatro y la mía, se remonta a algunas décadas atrás en el gran país que queda al lado del paísito, en calles llenas de baches, con multitudes que pisan tus pies día a día en subtes, colectivos y trenes, donde los taxis son negros y amarillos y las bocinas de los coches el sonido constante de la ciudad. Esos años en que los granos poblaban la piel de mi rostro, donde los caminos se cruzaban y se tergiversaban día si y día no, aquella morenita que no quería  dejar de ser niña pero que al mismo tiempo sentía una gran curiosidad por la vida adulta, los signos de preguntas se plantaban en mi cabeza desde que sonaba el despertador de la mañana hasta que me dormía escuchando en la radio poemas y relatos de oscuros y malditos autores.  Nada nuevo bajo el sol, en los 16 o 17 años que llevaba mi vida en este mundo nació la necesidad de gritar al mundo que no entendía el mundo, que me dolía el mundo, que quería llorar el mundo, sangrar por sus venas tanta desdicha que se desparramaba a mi alrededor.  Buscando ese espacio aterricé en un escenario, como si de una persona decidida a triunfar se tratara rellené mi solicitud, la firmé, la entregué y me llamaron.  Ahí comencé a sanar, mi mundo por lo menos, que ya era bastante.  
Esos viajes de una hora en colectivos atestados de personas que dejaban ver por sus rendijas grandes tristezas, grandes desilusiones y fracasos, me servían para observar, para nutrirme, para querer ver qué podía mostrar yo en un espacio diminuto con luces que me enfocaban, y qué podía hacer para concienciar de que otras formas de vida eran posibles. La sanación seguía su curso. 

No importaba el cansancio acumulado, las horas de trabajo, las horas de estudio en la Universidad, estudiando paralelamente otra carrera, sólo sabía que llegaría al pequeño espacio oscuro y los mundos absorbidos en varios días se develarían delante de los focos, y como si de una catarsis se tratara comenzaría a transitar por otra dimensión, de expresión, de escucha, de conexión conmigo y con los demás, con la necesidad de contar una historia con la cual alguien en algún punto se identificaría. 

Los primeros pasos en el teatro me habían llevado al "hospital de mis emociones y de mis ideas".  Ya tenía un espacio donde llorar el mundo, gritar el mundo, sangrar el mundo para que en los aplausos finales de los compañeros encontrara la salud tan ansiada por esos días.  Gracias TEATRO  por recorrerme y haberme traído a este lugar.