sábado, 19 de julio de 2025

Los sentidos

 



Mi balcón es un reducto en el que pasan cosas extraordinarias. No sólo se trata de ver los cuatro coches que pasan por minuto (eso es el paraíso en una ciudad como Madrid), no sólo se trata de ver un baile continuo de hojas verdes de tamaños diversos, los murmullos de las pocas personas que se escuchan en este preciso instante, los gatos callejeros que juegan y se pelean, o los pájaros que se aparean para ser grabados por  mi cámara, no es sólo las lecturas devoradas, las canciones escuchadas, la voz de Peter Gabriel cantando Mercy Street, no es sólo este fresquito que hoy me ponen la piel de gallina después de haber sido abrasada por las bengalas que ayer se expandieron por las calles del barrio, no es sólo el mate que saboreo con las tostadas llenas de aguacate, no es sólo el cielo, la tierra, no, no es sólo eso. 

De repente se asoma un olor que no logro definir por los orificios de mi nariz y como si de un sistema interconectado se tratara empiezan unas gotitas a desprenderse de mis ojos, y crean un caminito acompasado con Mercy Street y caen. Caen. Caen.  No se qué es ese olor, no se si pertenece a algo dulce, a algo salado, a algo chamuscado, a algo suave, ligero, amable, odiable, no lo se. Sólo observo que me conecta con algo que mi mente no logra descifrar y el cuerpo reacciona. Y ante este extraordinario suceso que acontece en mi balcón lloro. Sin más. Me entrego a ese momento de conexión,  y creo que lloro porque siento una integración desbordante. Los sentidos me transportan y me mantienen, aquí y allá, o allá y aquí, o aquí y allí, o allá y acá.  Ese aroma abrió un puente entre este momento y algo que desconozco desde la mente, pero que me hace estar más presente que nunca. 

Los sentidos. ¡Qué sentido tienen los sentidos!  Si  cada experiencia de la vida la viviéramos con esta escucha, con esta atención, que poco nos harían falta tantas distracciones, que poco necesitáramos escaparnos, evadirnos, irnos, tan sólo el aquí es enriquecedor, y el ahora más nutritivo imposible. Me he gastado tal vez unos céntimos de mi conexión de Spotify para que suene en bucle Peter Gabriel, para que la compañía de internet me de conexión, para que mi mate esté con yerba, para que la vitrocerámica pueda calentar mi agua, y con todos esos céntimos y un olor que apareció en el balcón de mi casa me pegué un viaje majestuoso. 

El gran viaje  es hacia adentro. Escucha. Observa. Siente. Saborea y huele...huele...




 Mercy Street 
 Peter Gabriel 

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