sábado, 21 de marzo de 2026

Haciendo equilibrio entre los 25 de allá, y los 25 de aquí...



Esas dos  fotos que anteceden este post datan de aquel 2001, cerca del mes de marzo, ese mes que haciendo honor a su origen  etimológico, en mi vida siempre se presenta como el inicio de las guerras, de mis guerras... de mis batallas, de mis luchas...  En marzo del 2001, exactamente el día  21, yo arribaba  a esta ciudad, Madrid.  Maleta, mochila, bolso lleno de libros  y CDs, mi gran hogar convertido sólo en algunas piezas que todavía veo en el living  de mi casa, o suenan en algún reproductor de CDs que se preste a funcionar.  Pasaporte en mano, ningún papel que me respaldara, ninguna carta de invitación que me protegiera  al asedio de preguntas del funcionario que me había tocado al azar, tan sólo mi carita de india  de 25 años, unos labios de "bife de  chorizo" (sic algún amante argentino) y mis ganas de  salir de un país que en los últimos años me había abrazado  con sus tentáculos de dolor. 

Pasé el control, entre nervios y sonrisas... Y me sumergí en el  frenesí madrileño, con esos olores nocturnos, llenos de  tabaco. alcohol, sexo y drogas.  Madrid me abrió su puerta  grande , pero la trasera, la que está en el callejón al que sólo acceden los que tienen una palabra clave, o  una sonrisa seductora, o las letras de una canción de Extremoduro.  En esas  épocas controlaba muy poco de la música española, pero había letras de Robe que ya me habían hecho bailar y llorar.  Y así fue el comienzo de esta batalla, la que vine a jugar y librar hace 25 años atrás.  Madrid...Ser extranjera, no ser de aquí ni de allí... tantas cosas "guardadas en la memoria" com reza León en su canción .  

La batalla de ser extranjera, migrante, emigrante en mi tierra, inmigrante en esta, el estigma de que las raíces están cortadas, de que hablas diferente, que no te entienden el humor, que no te entienden el amor, que te juzgan y señalan con el dedo,  que desconfían de vos, que susurran a tu paso, que no sabes si el policía que te paró lo hace por el color de tu  piel o porque tiene miedo que le quites lo suyo... 

Emigrar duele rezaba mi primer texto de Los Duelos.  Y no sabéis cuanto.  Migrar  no es viajar.  Migrar es  dejar todo lo que has construído en un período de tu vida, para que sólo se convierta en recuerdo... algo intangible  que probablemente nunca más vuelvas a tocar.... Y que tan sólo está en la memoria. Hace unos días una paciente me contaba cómo había vuelto a la escuela de su infancia... a mi eso me costaría unos 1500 eu  y muchas horas de viaje.  Volver a que los recuerdos sean tangibles ya casi es imposible. 

Y migrar  también es descubrir un nuevo hogar, unas nuevas raíces, que nacen de otra manera, quizás mas débiles a veces, más proclives a cortarse ante la  más pequeña tormenta.  Migrar es  ver cómo hay personas que se ponen en tus zapatos y te acogen, te abrazan y acompañan tu dolor,  que se convierten en hilos de colores en esa red que vas construyendo día a día.  

Esa es la batalla  que figura  en la efeméride de mi  historia, y que nació un 21 de marzo de hace 25  años.  

No soy de aquí ni de allá  rezaba Facundo Cabral, y así somos los migrantes. Llevo  25 años haciendo equilibrio entre lo de  allí y lo de acá, lo de allá y lo de aquí, entre el ustedes o el vosotros, entre  el Yo y el "Sho", entre un beso y los dos besos, entre  el coger y el tomar , entre el coger y follar, entre  el auto y el coche, entre el tú y el vos, entre Lorca y el Tato Pavlosky, entre las chacareras y el flamenco, entre la primavera en marzo o en septiembre, entre el rock  nacional o el rock gallego, entre Lucrecia Martel y José Luis Cuerda, entre Orazi, Tolcahir, Messiez, y Andrés Lima, Sanzol , entre las uvas o la sidra en la playa, entre Leila Guerriero y Rosa Montero.... Toda mi vida así... Haciendo  equilibrios entre los recuerdos buenos del país austral que producen la nostalgia... y los recuerdos malos que me hicieron salir de allá.., entre los momentos horribles de Madrid y la cantidad de veces que bailé, reí, lloré, abracé, lamí, follé, acompañé, parí, materné, cuidé, también en Madrid.

Y en este Marzo, de Marte, de Guerra, de Guerras... las externas y las internas, aquí estoy...todavía estoy Viva, y tanto.   Hay personitas que me hacen la ola y todo en esta intensidad de migrante, y también esa condición me ha permitido escribir y crear desde ese lugar, desde esas raíces, que aunque a veces cortadas, otras no (no se cómo se las ingenian); para construirse aún por debajo en una distancia de 10.000 kms.  En ocasiones creo que las raíces de los migrantes son como esas redes enormes  de hongos que conforman kilómetros y kilómetros de  micelios, y vayamos donde vayamos siempre estaremos unidas a nuestro origen.

Ya se han equiparado... 25 años allá...25  años acá... Un cumpleanos, un aniversario...

Siempre Gracias a l@s que en los momentos mas  duros de esta migración estuvieron acompañando y sosteniendo, sin ellos esos dos 25 nunca se se hubieran unido. 

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