domingo, 29 de junio de 2025

Asombrarse en cada baile


Ayer me sometí a una danza infinita con la Naturaleza, un viaje de los sentidos, una labor de escucha constante, qué me cuenta ella, que le cuento yo, la atención plena, hacia dónde ir, dónde pisar, dónde no pisar, si voy por aquí o voy por allá, ¿te sigo? ¿me sigues?

Fueron unos escasos 180 minutos, ninguna tarea maratónica. ¿Quién no se ha pegado un andar de esos minutos en su vida?  Estamos todo el tiempo yendo de un lugar a otro, trazando líneas rectas o curvas entre dos puntos. Puntos con sus particularidades, con sus diferencias, con sus extrañezas, sus ruidos, sus sonidos, sus olores, su rugosidad, o su lisura, puntos con acentos, puntos con colores disímiles y extravagantes,  pero nuestras mentes están tan dispersas que nos perdemos esa riqueza continua que nos puede traer un paseo. 

Entonces...el primer paso... Los dedos hundidos en la tierra, dando pequeños abracitos, y sentir como cada mota de polvo se entremezcla con la piel de mis dedos, las piernas tensas, los músculos que se contraen y se relajan. Subir piedras, rocas, troncos, los muslos se endurecen, empieza la piel a tener rayas de raspones, de encuentros con ramas que sobresalen irregulares de los árboles.  La respiración se agita, se suben escalones hechos por troncos, por piedras, de lejos se oye el ruido del agua, llega el frescor del rocío, las hojas tienen un verde intenso, siento que se sienten felices en ese ámbito, y me trasladan esa felicidad a mi, que sigo andando sin un rumbo fijo, pero trazando una línea recta o curva, desde el lugar en el cual salí hasta el lugar donde llegaré, que no se cuál es.  

Bailé con unos troncos a los que me abrazaba cuando tenía que sostenerme para no caer al agua, me apoyé en las rocas, me sostuve con ellas, sentí el frío de sus caras en mi cara, los dedos humedecidos, la mirada atenta. Medir, calcular, someter al análisis dónde se pone el pie, dónde no, dónde el peligro es agradable, y la adrenalina aumenta, la mirada al vacío, la mirada al lleno, la mirada perdida y encontrada. Saber que la Naturaleza tiene su propio ritmo, no soy yo la que marca, es ella la que me propone, y yo me someto a su danza.  Escuchar, sentir, oír, ver, observar, oler, hasta degustar la humedad y la sequedad que hay en cada nuevo espacio. La Naturaleza marca el paso, no eres tu, no soy yo,  es el árbol que te dice por aquí, o la roca la que te propone un cambio de dirección, o el sonido del agua el que te lleva hacia adelante, o los pájaros que pueden estar cerca  sobrevolando algún cadáver, o el olor de tierra mojada el que indica que puede empezar  llover.  Es la Naturaleza la que propone, no tu, no yo, no nosotros. 

En la Vida es igual... Uno piensa que va  a bailar por la derecha y de repente viene un huracán que te lleva a la izquierda, y entonces el cuerpo se contrae, y aún mas se contrae tu mente, que estaba agarrada a esa manera "predispuesta" "pre-establecida" que tan bien se había construído. Y si, así como el cuerpo se contrae ante los caminos inciertos que nos presenta la Naturaleza, respiramos y ...¿nos entregamos a la travesía?  El cuerpo es sabio. Así como se contrae, es capaz de alcanzar la relajación si le damos el tiempo suficiente para que esto suceda.  Los animales saben bien de esto,  todo lo que hemos perdido cuando nuestra columna se empezó  a erguir hace miles  de años. Observar, oler, sentir, degustar, oír. El cuerpo lo va dictando todo, en comunión con la Vida, con la Naturaleza.  

Vuelvo a vivir la incertidumbre de la Vida, y me siento más asalvajada que nunca. Detenerme como una pantera negra y que sean mis sentidos los que me dicten el camino, como ayer cuando caminaba entre árboles, rocas, ríos, pájaros y tantos seres que me acompañaron en mi andar. 

Hace un tiempo atrás escribía un post en el cual  expresaba: "Quiero difícil, quiero embarrarme".  En ese caso hablaba de que los vínculos entre las personas no son fáciles, te invito a leerlo.  En el baile con la Naturaleza o con la Vida tampoco hay nada Fácil,  porque cuando te has hecho a la idea de que lo es, podrá  entrar un "huracán" por la puerta de tu casa que  lo desestabilizará todo. Entonces...Sólo queda... Volver al cuerpo.... Observar, Oler, Sentir, Oír y Degustar... Parar, tener "Pazciencia", y dejarnos sorprender, una capacidad tan perdida en estos tiempos.  No sabemos qué hay ahí adelante. 

En estos días de silencio y paseos me devoré un librito que os recomiendo:  "La sociedad del cansancio" de Byun Chu Han, en el ocaso de su recorrido nos dice: "La proliferación y la masificación de las cosas han desbancado al vacío. Cielo y tierra están repletos de cosas. Este mundo lleno de mercancías no es para habitar. Ha perdido toda referencia a lo divino, a lo sagrado, al misterio, a lo infinito, a lo superior, a lo sublime. También hemos perdido la capacidad de asombrarnos"

Asombrémonos, que la Vida nos siga asombrando. Que los  pasos de baile no estén nunca del todo cerrados, porque quizás te encuentras un tronco en la pista de baile...y ....Vaya uno a saber.... 

 

martes, 10 de junio de 2025

"Piensa que sólo eres libre cuando al partir puedas llevar contigo todo lo tuyo."

 


Cuarenta y siete entradas atrás declaraba a la pequeña porción de lectores que tengo de este blog, que me había enamorado de un sacerdote.  Así me nace a mi la contradicción, yo que me digo una persona coherente, a veces me doy la espalda a mi misma y me enamoro de seres a los que odiaría con todo el corazón.  

Un día cayó en mis manos un libro de Pablo D ' Ors , ese que me abre puertas, y que esta noche,  embadurnada del calor de Madrid, se vino a mis pensamientos. "El amigo del desierto".  Mi mente tiene esa preciosa habilidad de unir sensaciones, recuerdos, frases, es un algoritmo creado por mí, que ni yo entiendo a veces, pero ahí está, se presenta, y sólo me queda cogerlo con mis manos, acariciarlo y a veces darles luz en forma de escritos. 

Entonces, "El amigo del desierto" y "Sirat" me desvelaron.  Un lunes raro. Un día raro. Un Tiempo Raro.  En otras épocas de mi Vida ir al cine los lunes era completamente normal.  Hasta hace un tiempo atrás tenía todas las entradas de todos las películas vistas en los Cine de la Plaza Benavente en días lunes.  Madrid me había regalado esa rutina casi desde que llegué y para mi era una cita incancelable. Les pedía a mis amantes del momento que acudieran al cine conmigo ese día, o sino el hechizo se rompía. Con uno de ellos el hechizo duró dieciséis años.  Y ayer fue un retornar a esos tiempos. La tarde abrasadora de Madrid. Una tristeza inmensa en los poros. Unos duelos en puntos suspensivos y lo mejor que podía hacer era darme una buena dosis de 4K. 

"Sirat", una obra maestra increíblemente triste, desalentadora, no hay esperanza a la que aferrarse porque de un momento a otro "todo puede volar por los aires". Unos pasos infinitos por el desierto, en busca de la nada, en busca de todo. El desierto nos enfrenta a ese vacío en el que todo puede suceder porque nada sucede. Un encuentro con un rejunte de tripas que solo avanzan para alcanzar un objetivo incierto. Y por detrás, y por delante, siempre la música. Pero la música no para ser escuchada, sino para ser bailada, tal como dice una de sus protagonistas. 

Salí del cine consternada, con escalofríos en medio de los casi treinta y cinco grados que caían  en Madrid. Por momentos levantaba la mirada a la luna que estaba casi llena y ese plateado me quitaba los escalofríos, Me hacía caminar a mi por un desierto, hacia un lugar incierto, casi como es mi Vida desde el inicio de los tiempos.  Y mientras conducía una vez más pensaba lo afortunada que soy de que los lunes pueda ir al cine  y poder impregnarme de ese arte que nos transforma, nos inquieta, nos pone el dedo en la llaga, nos hace cuestionarnos este modelo en el que vivimos, y nos hace reflexionar sobre lo que de verdad importa. 

En esos instantes mi cuerpo necesitaba llorar y bailar. Encontrar un altavoz que emitiera algún sonido que me relajara. Lo encontré. Apoyé la cabeza encima de un corazón, y fue tal su sonido, que baile, entre sueños bailé. 

jueves, 5 de junio de 2025

Frasesitas guardadas

 


Tenemos un conjunto de frases guardadas en los cajoncitos de nuestra memoria para saltar a decirlas cada vez que queremos cerrar un pensamiento, una diálogo, una reflexión.  El interlocutor se quedará así como pensando,  llevando su dedo a una comisura de sus labios, y tus ojos se quedarán inmóviles sintiendo que has tocado la tecla perfecta para el momento perfecto. 

En ese devorar exacerbado de videos cortos, en que las personas nos hablan mirando al ojo de la cámara, queriendo hacerte partícipe de toda la retalla de enseñanza y consejos para que conectes, te desconectes, escuches,  te escuches , abraces, te abraces, entiendas, te entiendas, y así hasta el infinito y más allá, en esos escasos minutos en que la pantallita de tu móvil cobra luces y ritmos y colores que te envuelven, ahí se suceden una seria de frasess que guardarás en los cajoncitos de tu memoria.  

Las tendrás ahí preparadas para que cuando sea la oportunidad, abras ese cajoncito, las cojas y le digas a tu interlocutor: "Eh! Mira lo que tengo para ti"  Silencio.  Espacio de tiempo.  Miradas.  Habrá algo en el otro que diga:  "¡Si, es verdad, claro!"  Y en ese "Si, es Verdad, Claro" nos cargamos toda la particularidad de esa persona, toda la particularidad de las circunstancias, de las situaciones, de las experiencias vividas de esa persona.  ¿Quiénes somos nosotros para decirle al otro "Todo es  Perfecto", o "Nada es Casual" o " Lo que sucede conviene" o " De todo se aprende" o "Será que tienes algo que aprender" ? Y tantas más.  

Salimos al ruedo como paladines de la justicia, con nuestra frasecita en la mano, en la espada y que el otro quede impresionado y sorprendido, y más tarde se vuelva él, otro paladín de la justicia que repita las frases que fue guardando en sus propios cajoncitos para "enseñar" a los otros que de todo se sale. ¿Si? ¿De todo se sale?

Las personas que llevamos años de trabajo personal, de visitar las sombras días si y otros días no, que caemos en abismos sin redes, nos estrellamos y volvemos a andar con heridas, con muletas, con escayolas, sabemos que entrenar el músculo funciona. Pero entrenar el músculo es en el día a día, con mucha voluntad, con mucha "pazciencia", para con uno, para con el otro, escuchando el más mínimo latir del corazón, sintiendo que los vasos que se han vaciado pueden volverse a llenar, pero gotita a gotita.  Y no que venga una frase "celestial" y nos quiera lanzar un chorro de positivismo new age, porque eso es ....agua para hoy y mucha sed para mañana. 

Leamos, devoremos libros, talleres de crecimiento personal, cursos rápidos de autoayuda, videos de instagram de personas que hablan a la cámara, y todo lo que queramos; pero seamos conscientes que los procesos son largos, trabajosos, a veces frustrantes, hay toda una vida que me ha llevado  a estar donde estoy, hay todo un sequito de personas, con sus tratos y maltratos, que me han hecho tener estas heridas,  ¿cómo podemos creer que unas cuantas frases sanadoras me van a borrar esos ríos de historia personal que corren por mis venas?

Lo único que queda es el camino... paso a paso... sin devorar nada... haciendo proceso.... No intentemos (me lo digo siempre, cada vez que una persona se sienta frente a mi para buscar acompañamiento) poner tiritas en épocas de poca profundidad.  Las frasesitas hechas para el otro sobran... ¿Quién soy yo para decirte a ti que "Todo es perfecto"?   Es perfecto para el que la dice porque habrá habido un proceso enorme para llegar a esa conclusión, pero yo a ti sólo te digo: Vive lo que tengas que vivir y hazlo como puedas, yo puedo acompañarte, nada más.